Conocedores de la maltrecha dignidad culinaria en la oficina y del daño que ha hecho a nuestra cultura la comida rápida con sus cubiertos de plástico, queremos compartir nuestras experiencias gastronómicas con otros estómagos sensibles.
Queremos divertirnos entre los fogones, queremos lamer el plato y compartir mesa, porque comer solo y de precocinados es lo más triste que hay (señorito).